El romanticismo hispanoamericano
En Latinoamérica, el contenido nacionalista del romanticismo
confluyó con la recién terminada Guerra de Independencia (1810–1824),
convirtiéndose en una herramienta de consolidación de las nuevas naciones
independientes, recurriendo al costumbrismo como una herramienta de autonomía
cultural.
La
ruptura con la rigidez y la imitación clásica del neoclasicismo ocurrió con el
advenimiento del movimiento romántico a finales del siglo XVIII en Europa.
Aunque el Romanticismo, se extendió por todo ese Continente, el movimiento no
comenzó en Hispanoamérica hasta la década de 1830. Sin embargo, aún a finales
de esa época, se encuentran
todavía autores neoclásicos con los ideales en que basaron su actuación
intelectuales y políticos de la primera generación independiente. Pero, también
se encuentran personalidades como Andrés Bello (1781-1865), que aunaron en su
obra ambas tendencias y lograron una síntesis superior, por ejemplo, en la Alocución a la poesía, el
humanista venezolano muestra un acusado sentido americano presagiador del
Romanticismo, así como en la Oda a la vacuna aparece en una actitud dieciochesca de
absoluta fe en la propagación de las luces y las ciencias. Igual en su adaptación
de La oración por todos de Víctor Hugo, donde vierte ideales
románticos en ordenadas estructuras clásicas. Similar es el caso del cubano
José María Heredia (1803-1839), educado en el clasicismo a la vez que autor de
varias obras tocadas de nostalgia y colorido local: En el Teocalli de Cholula, El Niágara, Himno del desterrado y Placeres
de la melancolía. Al
principio del Romanticismo Hispanoamericano, la literatura se enfocó en la
reforma mientras los escritores románticos buscaban un escape de la turbulencia
política y social de la época. Los intelectuales, historiadores y políticos
estaban más de acuerdo con el
liberalismo de los autores
europeos como el francés Víctor Hugo que los conservadores como Chateaubriand.
Asociado
con la lucha por la independencia, el Romanticismo hispanoamericano rompió con
las reglas y disciplina del neoclasicismo y cultivaba el sentimentalismo, el
subjetivismo y la libertad artística. El Romanticismo se vincula temáticamente
a la política continental y a la descripción de lo propio.

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